La fertilización como palanca de sostenibilidad en la remolacha azucarera europea

29 enero, 2026
29 enero, 2026

La fertilización como palanca de sostenibilidad en la remolacha azucarera europea

La remolacha azucarera (Beta vulgaris L.) continúa siendo uno de los cultivos industriales más relevantes de la agricultura europea. Su capacidad para producir más azúcar por hectárea que cualquier otro cultivo en las condiciones agroclimáticas del continente la sitúa como un pilar estratégico para el suministro alimentario, la industria azucarera y, cada vez más, para la bioeconomía europea. Sin embargo, este cultivo tradicional se enfrenta hoy a un escenario profundamente distinto al de hace apenas dos décadas, marcado por el cambio climático, la volatilidad de los mercados y una creciente exigencia de sostenibilidad ambiental.

El artículo científico publicado por investigadores de la universidad de Wageningen “The case of sugar beet in Europe: a review of the challenges for a traditional food crop on the verge of climate change and circular agriculture” ofrece una visión actualizada de estos retos y oportunidades. Destaca que el futuro de la remolacha en Europa dependerá en gran medida de su capacidad para combinar productividad, eficiencia en el uso de recursos y adaptación a los objetivos climáticos de la Unión Europea.

Desde el punto de vista productivo, la remolacha parte de una posición sólida. En la UE, los rendimientos medios se sitúan en torno a las 80 t de raíz por hectárea, lo que se traduce en unas 12 t de azúcar, con un potencial agronómico que en condiciones óptimas podría ser sensiblemente superior, sobre todo en las zonas donde se dispone de sistema de riego y agua disponible, en las cuales se puede potenciar al máximo los rendimientos de la remolacha azucarera. Esta elevada eficiencia en el uso del suelo convierte a la remolacha en uno de los cultivos más competitivos desde una perspectiva ambiental, especialmente si se considera su producción mayoritariamente local y la cercanía entre el cultivo y centros de transformación.

No obstante, el mantenimiento de estos niveles productivos en un contexto de mayor variabilidad climática exige una gestión agronómica cada vez más precisa. El aumento de temperaturas, la irregularidad de las precipitaciones y la mayor frecuencia de episodios extremos condicionan tanto el crecimiento del cultivo como la disponibilidad de nutrientes, obligando a replantear estrategias tradicionales de manejo.

En este nuevo escenario, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse en un factor clave de competitividad. Los análisis de ciclo de vida muestran que la huella de carbono del azúcar de remolacha europeo es relativamente baja en comparación con otras fuentes de azúcar, pero identifican claramente la fase agrícola —y en particular la fertilización nitrogenada— como uno de los principales focos de mejora

El nitrógeno desempeña un papel determinante en la remolacha azucarera. Su manejo condiciona simultáneamente el rendimiento, la calidad industrial y el impacto ambiental del cultivo. La bibliografía científica coincide en señalar que existe un equilibrio muy estrecho entre el aporte de nitrógeno y la producción de azúcar extraíble. Mientras que dosis elevadas pueden incrementar el peso de la raíz, también reducen el contenido de sacarosa y aumentan las impurezas, y compuestos como los alfa-aminos, que dificultan el procesado industrial y elevan los costes energéticos en fábrica De hecho, el rendimiento óptimo de azúcar se alcanza habitualmente con dosis de nitrógeno inferiores a las necesarias para maximizar la producción de biomasa, lo que subraya la importancia de una fertilización ajustada y eficiente.

Además, la fertilización nitrogenada es responsable de una parte significativa de la huella de carbono del cultivo, tanto por las emisiones asociadas a la fabricación de fertilizantes como por las pérdidas de nitrógeno en forma de nitratos y emisiones de óxido nitroso desde el campo. Reducir estas pérdidas es uno de los objetivos centrales de las políticas europeas de sostenibilidad y una prioridad creciente para el propio sector remolachero.

Investigación agronómica en España: más de una década afinando la fertilización

En España, y de forma muy destacada en Castilla y León, la remolacha azucarera ha sido históricamente un cultivo ligado a la innovación técnica. Un ejemplo claro de este enfoque es la labor de investigación que EuroChem viene desarrollando desde hace más de diez años en colaboración con el ITACyL, a través de ensayos centrados en la mejora de la eficiencia y sostenibilidad de la fertilización

Figura 1. Detalle del campo experimental de fertilización de EuroChem en la finca Zamadueñas del ITACyL en la campaña 2024-2025. Resaltado en amarillo el ensayo de fertilización en remolacha.

Este tipo de ensayos, prolongados en el tiempo, permiten obtener recomendaciones de abonado más robustas y fiables, adaptadas a las condiciones reales del cultivo y menos dependientes de la variabilidad anual. Los trabajos se han centrado en optimizar la producción y la calidad de la remolacha mediante el uso de fertilizantes de eficiencia mejorada ENTEC®, que incorporan inhibidores de la nitrificación (DMPP y DMPSA), con el objetivo de mantener el nitrógeno disponible para el cultivo durante más tiempo y reducir las pérdidas al medioambiente.

Los resultados de esta investigación muestran que una correcta implantación del cultivo y un aporte temprano y bien sincronizado de nitrógeno son factores clave para alcanzar elevados rendimientos y la calidad industrial exigida. En este contexto, se han evaluado distintas estrategias de fertilización, como un abonado en sementera del orden de 700–900 kg/ha de ENTEC® 13-10-20, seguido de una cobertera nitrogenada de 200–400 kg/ha de ENTEC® EVO™ 27, ajustando la dosis en función de las condiciones del suelo y del año.

Otra estrategia contrastada consiste en concentrar el aporte de nutrientes en la siembra, aplicando 1000–1200 kg/ha de ENTEC® 20-10-10, de modo que todos los nutrientes estén disponibles desde los primeros estadios del cultivo. El uso de nitrógeno estabilizado permite que esta estrategia sea viable, asegurando su disponibilidad a lo largo del ciclo y reduciendo el riesgo de lixiviación.

Los ensayos de fertilización se complementan con pruebas “on farm” en parcelas comerciales, donde se ajustan las dosis y estrategia de abonado en función al manejo y fertilidad del suelo, lo que refuerza la validez práctica de las recomendaciones y permite trasladar los resultados directamente al agricultor, mejorando la eficiencia, la sostenibilidad y la rentabilidad del cultivo.

Fertilización y huella de carbono: nuevas soluciones para nuevos retos

La reducción de la huella de carbono se ha convertido en una prioridad para el sector agrícola y agroindustrial. En este contexto, EuroChem ha avanzado en el desarrollo de soluciones que no solo mejoran la eficiencia en el uso del nitrógeno, sino que también reducen de forma significativa el impacto climático asociado a la fertilización.

Un ejemplo de esta evolución son los fertilizantes ENTEC® EVO™ – Carbon light, desarrollados mediante procesos de fabricación optimizados que reducen las emisiones de CO₂ y que incorporan el inhibidor de la nitrificación DMPSA para mitigar las emisiones de N₂O en campo. Gracias a esta combinación, estas soluciones permiten reducir hasta en un 77 % la huella de carbono asociada a la fertilización de la remolacha.

Industria y mercado: una colaboración reciente orientada a la sostenibilidad

Junto a la investigación agronómica de largo recorrido, recientemente se ha iniciado una colaboración entre EuroChem y Azucarera, filial de Associated British Foods dedicada a la producción de azúcar y coproductos a partir de remolacha cultivada localmente. Azucarera ha reafirmado su compromiso con la descarbonización de toda la cadena de valor, desde el campo hasta la fábrica. La compañía se ha adherido a la Science Based Targets initiative (SBTi) para reducir emisiones antes de 2030 y alcanzar la neutralidad de carbono a medio plazo.  La colaboración entre EuroChem y Azucarera se enmarca en el proceso de descarbonización que está viviendo la industria agroalimentaria europea, impulsado tanto por la regulación como por la demanda de clientes y consumidores.

El objetivo de esta colaboración es avanzar hacia una remolacha más productiva, de mayor calidad y con la menor huella de carbono, integrando prácticas de fertilización más eficientes y alineadas con los compromisos ambientales de la industria transformadora. Tiene un enfoque que conecta directamente el manejo en campo con la sostenibilidad de toda la cadena de valor.

Conclusión: un cultivo con futuro si se gestiona con precisión

Tal como concluye el artículo científico “The case of sugar beet in Europe: a review of the challenges for a traditional food crop on the verge of climate change and circular agriculture”, la remolacha azucarera tiene un papel relevante que desempeñar en la agricultura europea del futuro, siempre que se apueste por sistemas productivos más eficientes y resilientes. La experiencia española demuestra que una fertilización nitrogenada ajustada, apoyada en investigación sólida y en soluciones de eficiencia mejorada, es una de las herramientas más eficaces para avanzar en esta dirección.

La combinación de investigación agronómica de largo recorrido y nuevas colaboraciones orientadas a la sostenibilidad y al mercado refuerza la posición de la remolacha como un cultivo plenamente vigente. Bien gestionada, la fertilización no es solo un insumo más, sino una auténtica palanca para producir más azúcar, con mayor calidad y con un menor impacto ambiental.

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